Las masivas manifestaciones sacuden a nueve países europeos. Reclamos por educación, vivienda y costo de vida ponen en jaque a la región.
Una inédita y violenta ola de manifestaciones urbanas convulsiona el mapa político y social de Europa occidental. Encabezadas en su gran mayoría por adolescentes y jóvenes de la denominada Generación Z, las protestas se expandieron rápidamente por Francia, Italia, España, Portugal, Bélgica, Austria, Grecia, Albania y Serbia. Lo que en un principio comenzó como movilizaciones estudiantiles en reclamo de mejoras edilicias y salarios docentes, derivó en una catarsis colectiva que denuncia la falta de perspectivas laborales, la precariedad de la vida juvenil y la imposibilidad de acceder a una vivienda digna.
En Francia e Italia se registraron las jornadas más críticas, con episodios de guerrilla urbana, saqueos a comercios y graves enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en ciudades como París, Marsella y Milán. Frente al colapso de la seguridad, gobiernos de distintas tendencias políticas adoptaron medidas drásticas, que van desde toques de queda nocturnos hasta la movilización de efectivos militares para resguardar las calles. Analistas internacionales coinciden en que este estallido refleja un profundo desencanto generacional ante economías estancadas y la pérdida paulatina del estado de bienestar.
