Cuando crece el río, la mirada vuelve a la Virgencita
Aclaración previa: «Escuchá lo que te cuento» será un pequeño espacio en donde nos vamos a poder encontrar con audios un poco mas largos y reflexivos, están invitados a participar. Gracias
Hace algunos dias, Silvio, un amigo me compartía una foto que despertó miles de palabras y sensaciones, ahi van:
Por más que lo anuncien, por más que los pronósticos anticipen que el Paraná va a crecer y que el agua puede llegar más lejos de lo habitual, cuando uno la ve avanzar, la sensación siempre es distinta.
Porque una cosa es escuchar que viene la creciente y otra es mirar la costanera de Itatí cubierta por el río. Ver cómo el agua ocupa los lugares de siempre, cómo cambia el paisaje y cómo esa postal que conocemos de memoria empieza a parecer otra.
El río tiene esa manera de sorprendernos. Aunque lo conozcamos desde chicos, aunque sepamos que crece, que baja, que vuelve a crecer, nunca terminamos de acostumbrarnos del todo a su fuerza.
Y entonces miramos la foto. El Paraná adelante, la costanera bajo el agua y, al fondo, la Basílica. Ahí está ella. La Virgencita de Itatí.
Para quien no conoce esta parte del país, quizás sea solamente una iglesia hermosa junto al río. Pero para el correntino, y para tanta gente de nuestra región, es mucho más que eso.
La Virgencita está en la historia de las familias, en las peregrinaciones, en los promeseros que caminan kilómetros para llegar hasta ella, en los que vuelven cada año y en los que hace mucho que no van, pero la llevan igual en algún rincón del corazón.
Está en las estampitas guardadas en una billetera, en las imágenes sobre una mesa de luz, en las medallas que pasan de una generación a otra. Está en ese “Virgencita, cuidanos” que muchas veces se dice casi sin pensarlo, como quien habla con alguien de la familia.
Porque la fe también es eso: una presencia que acompaña, una costumbre que viene de los abuelos, una palabra que aparece cuando hay alegría, cuando hay miedo o cuando simplemente necesitamos sentir que no estamos solos.
Y frente a esta creciente, uno imagina a tanta gente mirando hacia Itatí y pensando en la Virgencita. Pidiéndole que cuide a los vecinos, que acompañe a quienes están preocupados, que el agua no avance más y que pronto todo vuelva a encontrar su lugar.
No hace falta ser un gran conocedor de la religión para entender lo que representa esa imagen. Hay sentimientos que se explican poco y se entienden mucho. En Corrientes, la Virgen de Itatí forma parte de una identidad que atraviesa generaciones y que se extiende más allá de las fronteras de la provincia.
El Paraná seguirá con sus crecidas y sus bajantes. Seguramente volveremos a escuchar pronósticos, alertas y noticias sobre el nivel del río. Y cada vez que el agua suba, aunque nos avisen con anticipación, habrá algo de sorpresa cuando la tengamos delante.
Porque el río no es solamente agua. Es paisaje, memoria, vida y pertenencia. Y cuando cambia, nos cambia también un poquito la mirada.
Hoy, en esa imagen de Itatí, el río ocupa la costanera, pero la Basílica sigue allí. Y la Virgencita, en el corazón de su pueblo, sigue siendo ese lugar al que muchos vuelven con una oración sencilla, una esperanza o un pedido.
Que cuide a Itatí. Que acompañe a su gente. Que el agua dé una tregua.
Y que, cuando el Paraná vuelva a bajar, podamos mirar otra vez esa costanera y reconocer el paisaje de siempre.
Mientras tanto, para muchos correntinos y para tantos habitantes del Litoral, alcanza con levantar un poquito la mirada y decir, con la confianza de toda una vida:
Virgencita de Itatí, cuidanos.

Texto y voz: Alejandro Torres
Foto: Silvio Reyes
